Para cerrar con broche de oro el ciclo de conferencias de la Semana de Arquitectura, se contó con la presencia de Nicholas Grant Houser quien propició el debate entre el hiperrealismo y la abstracción como un flujo continuo que parece llevarnos al mismo punto.
A pesar de que no tenemos acceso a ciertas áreas o conocimientos específicos, la IA puede darnos ideas sobre cómo fueron las cosas en épocas o eras pasadas, pero nadie sabe a ciencia cierta cuáles son las interpretaciones “correctas” para cada periodo histórico. El mapeo del terreno lo realizan computadoras. Podemos ver símbolos que se generan en cada cultura y que establecen patrones geométricos para plantear y reinterpretar.
Asimismo, señaló que la abstracción está en todas partes; es un elemento clave en los cimientos de las construcciones. Un ejemplo de esto son las estructuras en Camboya, el desierto de Atacama (el cual presenta irregularidades en su superficie, además de zonas en las que no ha llovido durante siglos y donde se han preservado construcciones a lo largo del tiempo) o las líneas de Nazca, que no se limitan al trazo de figuras, sino que incluyen líneas rectas que atraviesan todo el terreno. Todo esto pone a prueba conceptos como el Logos y el Mythos. El proceso de resignificación de la historia a través de la abstracción da lugar a los mitos.
En distintas partes del mundo, la significación de monumentos como Stonehenge o sitios antiguos como Göbekli Tepe sigue siendo objeto de especulación o reinterpretación debido a la erosión y distribución de sus elementos a lo largo del tiempo, como puede observarse en la antigua ciudad de Ur, en Irak.
Nuestra relación con la IA puede ayudarnos a comprender mejor los elementos sobre los que queremos saber, sin perder nuestra propia visión individual. No se trata de ver las obras de arte desde una sola perspectiva, sino de reconectar los elementos, teniendo en cuenta los factores que lo rodean y su contexto.
Así, se debe repensar la arquitectura. Los humanos no pueden ser reemplazados en su totalidad; de lo contrario, las máquinas generarían elementos idénticos. Sin creatividad, emociones, experiencias y mente, la máquina no tendría la “habilidad” de generar arte por sí sola, solo con su lógica.